Adicción a la báscula: “Dime cuánto pesas y te diré quien eres”

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Por: Laura Mónica González  

www.yoguiando.com

Si eres de las que corre a la báscula después de unas vacaciones para saber cuántos kilos subiste de peso, o de las que se pesa cada semana porque se “cuida” de no subir, o eres de aquellas que viven constantemente atormentadas por el fantasma de los kilos extras, entonces tal vez te has tomado demasiado en serio lo que el mundo de la publicidad y la mercadotecnia te ha vendido como felicidad.

Desde que la obesidad y el sobrepeso son la principal causa de muchas enfermedades crónico degenerativas como la diabetes, o problemas cardiovasculares como la hipertensión, la necesidad de llevar un control de nuestro peso se ha convertido en un tema importante y prioritario para mantener la salud.

En qué momento el tener un peso óptimo para el mantenimiento de la salud se convirtió en una obsesión para lograr “algo” que no necesariamente sea salud y que tal vez ni siquiera te has cuestionado a fondo.

¿Qué es más importante? ¿tener una salud óptima sin importar el peso? es decir; no tener problemas de cansancio crónico, alergias, gripas recurrentes, poder lograr un sueño profundo, mantener en los niveles óptimos las pruebas de química sanguínea y en general no sufrir de ninguna enfermedad.

O acaso prefieres mantener un peso específico para entrar en una talla chiquita, y poder lucir un cuerpo esbelto aunque te sientas débil, no duermas bien, comas comida chatarra, y te prives de alimentos que no por tener más calorías significa que son no saludables (el aguacate es un ejemplo).

Por ahí de los años 50’s  la mujer torneada y con sus buenos kilos era lo que se consideraba como sexy, atractivo y sano, actualmente, me pregunto cómo fue que el modelo de belleza pasó de ser del tipo Pin Up a las modelos de Victoria’s Secret, sin grandes curvas, sin carne y más bien huesos con piel.

En estos tiempos la sociedad y los que dictan las tendencias de la moda nos han hecho creer que vales lo que pesas. Sin embargo no nos damos cuenta que hay muchos factores que influyen en nuestro peso y que ser muy delgado no necesariamente es lo más óptimo.

A todas las chicas que viven obsesionadas con el peso yo les pediría que se hicieran una pregunta:

¿Cuál es el verdadero objetivo concreto que queremos lograr detrás de un peso específico?, ¿la salud? ¿o una figura que sea socialmente aceptada y catalogada como hermosa?

Si tu razón es por salud tendrías que tomar en cuenta muchos factores además de lo que comes como elementos que influyen de manera importante en tu peso.

Puede ser tu constitución, la herencia (genes), nuestro tipo metabólico, la densidad ósea, incluso nuestro tipo de sangre son factores que influyen en nuestra figura física, no solo el color de ojos y estatura son influenciados por los genes, el metabolismo, la forma de procesar alimentos y de acumular el exceso de energía son influidos por diversos factores. Incluso en la medicina hindú ayurveda (la ciencia de la vida) dicta que según el tipo de Dosha dominante es causa fundamental para definir el tipo de cuerpo que tenemos.

Podría apostar que muchas de las personas que viven esclavas de la báscula podrían liberarse de pesarse desde hace varios kilos atrás si tan solo lograran conectar con quien realmente son en su interior, si

construyeran una fuerte autoestima que les regresara su libertad sin vivir esclavos de la idea de tener que entrar en una talla o tener un peso específico (como lo dictan los cánones de la moda actual).

Ser flaco no significa que estás sano y viceversa, que tengas algunos kilos de más tampoco significa que estás enfermo o que tengas un riesgo de salud necesariamente. Conozco muchas personas que son esbeltas con una salud bastante deficiente y personas con kilitos de más que gozan de perfecta salud (mi caso por ejemplo).

Pensamos que estamos hechos de kilos en una báscula, nos han hecho creer que seremos felices, bellas y que el mundo nos aceptará y reconocerá si lucimos con un cuerpo esbelto, creando mentes anoréxicas, pero la realidad es que si no reconocemos que la verdadera belleza que debemos cuidar es la que nace de nuestro interior jamás podremos proyectar y brillar nuestra belleza en nuestro exterior.