Por: Juan Alberto Caraballo G.
Fotografías: Alberto Lozano

Monterrey no esconde para nada su cercanía con la frontera que lo separa del Primer Mundo. Como una especie de Tijuana cosmopolita, la también conocida como Sultana del Norte tiene ese tipo de luz que se deja ver ardiente en el celuloide y que hace del paisaje un espacio atractivamente inhóspito.

El incandescente sol que reina por esos lados del país parece opacar al estridente colorido y bellas maneras del imaginario mexicano, tan característico en la arquitectura y la atmósfera de ciudades del centro, oriente y occidente del país. En su lugar deja un paisaje de limitada paleta, donde el encanto lo ponen el acero y el concreto con los que se construye una metrópoli impetuosa y pujante.

Visitar la capital neoleonesa en busca del cliché mexicano es tiempo perdido. Algunos bromean con que la ciudad no está en el norte de México, sino al sur de Texas.

Además de todo ello, la categorizan como una ciudad industrial, lo que termina por dejar atónito el entendimiento de visitantes, potenciales turistas e inclusive de quienes la habitan, al no entender si en Monterrey habrá algo más que una importante red de negocios que muy probablemente representa un bálsamo al momento de calcular el producto interno bruto del país.

De lo más criticado de los regiomontanos es su presunta petulancia, la que se dice radica en creer que su ciudad y en general todo lo suyo es lo mejor. Incluso, en ocasiones se habla de un fricción retórica con Guadalajara referente a cuál es la segunda ciudad más importante de México.

Sin embargo, sentir orgullo por quien se es, tal vez sea más una virtud que un defecto en el caso de los regios. Esta condición les ha permitido sobreponerse a complejos eventos, desde huracanes, hasta una guerra contemporánea, y aún así no detenerse en su afán por seguir creciendo en aras de convertirse en una súper potencia industrial latinoamericana.

Y es que Monterrey definitivamente es como se espera que sea un gran ser humano, es decir, bello por dentro y por fuera, pues la capital neoleonesa en su superficie de 894 km2 no sólo ofrece las ventajas y posibilidades de cualquier ciudad, sino que sus alrededores representan un gran atractivo tanto para locales como turistas, quienes entre bellas montañas y zonas campestres hallan hermosos parajes en los que se pueden realizar deportes extremos, así como sencillamente contemplarlos y descansar.

 

MONTERREY: TURISMO DE CONTRASTE

Lo que en primera instancia pareciera ser una ciudad industrial con un aire más estadounidense que mexicano, al comenzar a ser descubierta poco a poco va dejando aflorar sus más profundos atractivos, que reúnen joyas arquitectónicas que hablan de la historia de estas tierras, hasta intimidantes bellezas naturales e importantes obras de ingeniería.

Debido a su historia industrial, la ciudad conserva una tradición de familias de gran poder económico, a quienes se les atribuye la fundación de ciertas colonias y áreas de ésta, a pesar de que para mediados del siglo pasado muchos solían habitar el centro de la ciudad, donde aún hoy se pueden contemplar bellas estructuras neocoloniales, art déco y hasta palacetes con ínfulas francesas que en la actualidad se diluyen en la vorágine cotidiana de cualquier ciudad donde vivan poco más de cuatro millones de personas.

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Desde el siglo XVIII cuando el majestuoso Obispado y su fascinante fachada de estilo barroco mexicano era la casa de descanso del obispo, quien residía en Linares. Desde los años 40 y 50, cuando en las colonias Mirador, María Luisa y Obispado vivía la realeza regia y familias de buenos ingresos en casas y mansiones casi todas de estilo colonial californiano. Desde el huracán Gilberto que en 1988 ayudó al río Santa Catarina a recuperar su cauce y con su caudal arrasó con todo a su paso.

Son muchas las cosas que han pasado en Monterrey, que hoy en día presume las ruinas de su pasado acerero enmarcadas en el hermoso Parque Fundidora, un espacio verde muy bien logrado, donde familias e individuales pueden disfrutar de un simple paseo, un concierto, actividades culturales, exposiciones de alnorte4arte, así como de una exquisita comida en lo que alguna vez fue una de las torres de fundición. En éste parque desemboca un río artificial que a través de un bello paseo de dos y medio kilómetros conecta a Fundidora con el Museo de Historia Mexicana y el Museo del Noreste, ambos parte del grupo 3 Museos junto al Museo del Palacio, un imponente edificio neoclásico en plena Macro Plaza del centro de la ciudad.

Colindando está el conocido Barrio Antiguo, un área infestada de poco pretenciosas, pero hermosas casas antiguas de híbrida riqueza arquitectónica. La zona, que durante la década pasada reunía los restaurantes, cafés, bares y antros más hip de la ciudad, hoy renace tímida luego de casi haber sido víctima fatal de la guerra contra el narco calderonista. El que muchos regios hayan decidido retomar ese espacio público, lo ha convertido en un escenario donde en el presente tienen lugar mercados de artesanía, arte y curiosidades; así como actividades promovidas por los museos que allí radican, como el Museo de Arte contemporáneo de Monterrey, MARCO, del arquitecto Ricardo Legorreta, o el Museo Metropolitano, alojado en un grandioso edificio de arquitectura norestense que es, en sí mismo, una obra de arte.

El Barrio Antiguo renace perfilándose a ser un sitio de encuentro y de cultura y así lo demuestran los actores emprendedores, en términos sociales, que con esfuerzo están empezando a sembrar la semilla para generar cambios en el área.

Pero la puesta en escena de esta ciudad no se limita a melancólicos espacios de valor histórico. El presente se ha hecho sentir y el paisaje exhibe modernas vías incluyendo un puente atirantado muy polémico, pero sin duda un ícono de la ingeniería regiomontana.

También edificaciones verticales y arrogantes plazas comerciales, en las que las opciones van desde una tienda de fast fashion hasta una de boutique de lujo de renombre mundial.

 

Monterrey es en realidad una metrópoli de ésas de las que eventualmente te querrás escapar, al menos por un fin de semana. Y tal vez ésta sea una de las mejores cosas de Monterrey –así como su asfixiante verano pareciera ser lo más difícil de tolerar– y es que con sólo salir de los límites de la ciudad se hallan hermosos parajes naturales y hasta Pueblos Mágicos, como el encantador Santiago, a sólo media hora de distancia.

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Un domingo de paseo fuera de la ciudad puede llevarnos al parque Chipinque a disfrutar de una vista privilegiada de gran parte del área metropolitana y un aire limpio y fresco procesado por un buen arsenal de frondosos árboles; al parque La Huasteca, un espectáculo de montañas rocosas que parecieran estar nevadas en pleno verano; a ejidos perdidos en la Sierra Madre; teatrales grutas que coronan coloridos pueblos hoy convertidos en prósperos municipios, como es el caso de García; cascadas que se derraman en forma de una cola de caballo; pueblos montañosos donde la hermosura de paisaje y el relax se mimetizan y la comida sabe a la leña con la que es preparada, lo que resulta en platillos típicos de la gastronomía mexicana, pero con un toque de norte que hace la diferencia convirtiéndola en única.

 

VIVIENDO A LA REGIA

Al igual que muchas ciudades de México, Monterrey no ha sido ajena a los procesos socio-políticos que han abatido a la nación en los últimos años. Sin embargo, la ciudad ha logrado mantener uno de sus mayores encantos: un estilo de vida de metrópoli, pero aún no tan convulsionado si lo comparamos con otras ciudades del país como Guadalajara y, sobre todo, la Ciudad de México.

El habitante del centro de la ciudad aún puede disfrutar de bondades como salir de casa y caminar a la tienda de abarrotes de la esquina, o comer tacos en algún carrito estacionado junto a una plaza.

En Monterrey todavía es posible recorrer distancias considerables en 10 minutos con un tráfico fluido y tener una calidad de vida propia de ciudades más pequeñas y menos pobladas, pero donde hay una amplia agenda de actividades que hacer.

Una ciudad que cada semana se enciende con un concierto multitudinario de algún importante artista nacional o internacional, donde una tristeza o el estrés se alivian yendo de shopping y disfrutando de un mercado nutrido en opciones. Un lugar donde se puede disfrutar de una noche de lujo entre amigos, drinks y comida desde mexicana gourmet hasta francesa.
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Por algo Monterrey es conocida como la Sultana del Norte. Y lo mejor es que si no te gusta la ciudad, a pesar de todo lo que ésta tiene para ofrecer, puedes tomar tu coche, manejar apenas dos horas y llegar a Texas.