Sentir amor y amar son dos cosas completamente diferentes. Ser capaz de aplicar este conocimiento a tus propias relaciones es la clave para construir una relación duradera…

Por: Vero Marcos | Twitter: @veromarcos70

El amor es además de un sustantivo, un estado de los sentimientos y emociones en las personas. Se convierte en una ilusión con expectativas creadas por los cuentos de hadas, los comerciales de televisión y las películas con un final feliz en donde se culmina con una boda; o mejor aún, con la muy famosa frase: “Y vivieron felices para siempre”.

El amor también funciona como una expectativa afectiva que se queda grabada en nuestro subconsciente y que nos frustra cuando los resultados no son los deseados. Al vivir esta experiencia se crea un conflicto entre la pareja llevando la relación a la decadencia, en vez de aprender a aceptar al otro tal y como es amándolo incondicionalmente. Pero hay que tener en cuenta, que aceptar a los demás sin condiciones no tiene nada que ver con que me dañen. Los demás, principalmente la pareja, no me debe estar causando ningún tipo de malestar grave o dolor; es decir, el amor funciona correctamente mientras mi pareja no transgreda mi integridad física, psicológica y emocional.

En otras palabras, estamos confundidos porque el amor no es una acción, la acción correspondiente es: amar. El amor es un estado que se da a consecuencia de la emoción: amar. El amar es un verbo, es la acción de demostrar que tanto te atrae, deseas o te apasiona la cercanía de la otra persona.

El amar es el sentimiento más importante que experimenta el ser humano, ya que éste nos revoluciona como personas y nos permite evolucionar. Además, el amar nos genera endorfina, mejor conocida como “La hormona de la felicidad’’ la cual transforma nuestro ser desde la punta de los dedos de los pies, hasta la punta de nuestros cabellos haciendo que se desarrolle en nosotros una fuerza suprema y así tener logros inexplicables que sólo se llegan a obtener por la fuerza del amor…

El amar genera en nuestras células una sensación de placer. Al amar, subimos de nivel energético y nos sentimos como si todo fuera perfecto y no existieran los problemas.

Amar no es el sólo sentir afecto y apego hacia nuestra pareja. En el amar también se considera que ese sentimiento va hacia nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos, amigos e inclusive hacia nuestras mascotas.

El amar tiene también otras variantes que nos sirven para poder ayudar y servir al prójimo, un ejemplo es la “caridad’’. Al practicarla nos ayuda a ser benévolos con los seres humanos más necesitados.

En ocasiones, el amar puede ser engañado y distorsionado por el ego que permite que se impregne en nuestro ser enfermándonos y confundiéndonos al creer que amar es “idolatrar’’ a otra persona. Es importante destacar que si esta idolatría se lleva al extremo, se vuelve nocivo y puede causar que el otro se sienta asfixiado por su pareja. El ego también confunde el amar con el querer “controlar’’ o manipular a la otra persona y cuando esto sucede, el controlado crea una codependencia hacia el controlador hundiéndose en un circulo que los lleva a desarrollar una relación destructiva. Un punto para poder entender mejor el amor es pensar que una cosa es dejar de amar y otra cosa es dejar de sentir amor. Si nuestra meta es mantenernos en pareja y llevar una relación estable, la única manera de seguir amando a la persona que escogimos para compartir el resto de nuestra vida es respetándola y aceptándola tal y como es. Para sentir el verdadero amor es conveniente ejercitar con mucha frecuencia los verbos: amar, perdonar, respetar y servir.