Cirugía estética… ¿seguridad en la esposa, inseguridad en el esposo?

Por: Dr. Manuel Sanmiguel

 

Es interesante ver los cambios tan positivos que ocurren en la paciente que se somete a una cirugía plástica, ya sea reconstructiva, como la que se practica cuando se realiza una restauración de mama, o  la que se observa por los cambios obtenidos con la cirugía estética.

Esto se debe a que crece la autoestima de la persona, al igual que su seguridad. La razón principal es que la paciente al mirarse en el espejo logra ver lo que siempre anheló, entre su imagen ideal y su imagen real; y por consiguiente, obtiene la confianza necesaria para tener un mejor desenvolvimiento en su medio social.

Una paciente comentaba: “Con esta nueva figura cuando me veo en el espejo, es como si me regalaran un automóvil nuevo, con la diferencia que la sorpresa al ver el carro sería momentánea y temporal; la cirugía y lo que recibo de ella me sorprende todos los días, porque al contemplarme en el espejo, éste me chulea cada ratito”.

Usted podría pensar que en este tema  todo es color de rosa, sin embargo, existen historias que no tienen un final feliz. Es importante comentar, que en muy contadas ocasiones la cirugía plástica incrementa la confianza en la paciente pero también puede provocar la inseguridad en su pareja.

Hemos tenido casos en donde la paciente decide disminuir sus curvas, ya sea en el busto o glúteo, y me refiero a casos con resultados equilibrados anatómicamente. Cuando la pareja ve los efectos excelentes que su mujer obtuvo, le empieza a fiscalizar el guardarropa e intenta limitar las salidas por sentirse inseguro de la nueva figura de su compañera.

En una ocasión le realicé una lipoescultura con aumento de glúteo a una señora de 65 años, y a los 6 meses decidió hacerse una liposucción en el mismo lugar, y todo porque el esposo le hacia la vida muy difícil y ella nos platicó; “Se ha vuelto a estas alturas de la vida patológicamente celoso”.

Al preguntarle a su esposo el motivo por el cual quería que operara de nuevo a su mujer -dijo- “Yo tengo casi 70 años y a ella -con la cirugía- la dejó de 40, compréndame, yo no puedo con eso, mis amigos no le quitan la vista de lo bien que quedó y no me siento cómodo”.

Para terminar con esta historia, les comparto lo siguiente: se llevó a cabo la intervención sin problema alguno, y obviamente sin cobrarle un cinco, aunque debería de haberlo hecho, sobre todo porque no me parece justo ni maduro lo que el esposo comentaba: “Opérela porque yo no me siento cómodo”. Como hombre y doctor esta razón me dejo un mal sabor de boca al ver el egoísmo de este señor que no le importó que su mujer estuviera feliz con el resultado.

Afortunadamente este tipo de situaciones no suelen ser comunes en nuestro consultorio, ya que la mayoría de las pacientes se operan por ellas y para ellas, sin embargo, el esposo también obtiene un beneficio y no sólo por el cambio físico sino también, por el cambio emocional tan positivo en su compañera, lo que contribuye a una mejor relación de pareja.