Por: Lorenzo Martz

El arte emergente siempre será un nicho de congruencia para quien desea iniciarse como coleccionista y, a su vez, atrapar con exactitud esa oportunidad de inversión próspera y sin decretos. Si observamos con pasos de analista, esa emergencia del artista hacia el mercado es sumamente espectacular. Es ver como un ave despliega sus alas y, aunque haya posibilidad de un vuelo a picada, está muy por encima de eso, por eso será, un vuelo en punta y de viaje largo. La relación artista-obra marca la pauta en un ambiente temporal controlado por la cultura de globalización.

Los que accedemos a entrar en este ámbito, sin duda nos enamoramos locamente de lo estético. Aunque la pieza sea conceptual y que a simple vista no se considere artístico el trabajo, lo atractivo surge en cuanto lo juzgamos como un recuerdo personal, una ambición al entendimiento de la obra como parte del genero contemporáneo. Aunque este término proviene desde el siglo XVIII el cual nos indica que es actual (siempre lo es), nos identifica como la generación vanguardista, que un alto porcentaje de la humanidad no se atreve a indagar. Dejemos a un lado las historias románticas de la creación de arte contemporáneo para pasar a las transacciones de compra/venta y así caer a lo que venimos a contar.

Para visualizar las variaciones del mercado del arte contemporáneo es elemental introducirnos al complejo universo del aficionado. Esa afición por la búsqueda de la obra perfecta para sus colecciones, es tan vasta que cientos y miles de galerías alrededor del mundo surgen para propiciar ese goteo que llena los bloques del mercado emergente. Dichas galerías, aparte de participar silenciosas en su localidad con exposiciones y ventas, adquieren también la inquietud de acceder a las ferias de arte contemporáneo, que hoy en día funge casi como uno de los tres poderes del Estado. Tal como en una democracia, las ferias de arte confeccionan y transforman códigos existentes de acuerdo a la opinión de los coleccionistas, en su caso, la conducta popular.

Alistemos un par de artistas los cuales se han sabido acomodar en el arte contemporáneo como emergentes y logran integrarse al mercado con exposiciones y ferias. Para el caso de la fotografía, vi a una joven que me llama mucho la atención. Aunque existen muchos géneros dentro de esta plataforma, como lo es la digital, análoga, el collage, etc. y dentro de ellas viene también una gama de diferencias en contenido como el retrato, la fantasía, el paisajismo y podemos seguir con una tesis de ello.

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La fotografía de Leila Alaoui (Paris 1982) sostiene una relación estrecha con el tema la problemática de nuestros tiempos: los refugiados. Su obra ha sido tan bien aceptada que ha tenido muy buenas críticas en sus exposiciones en museos y bienales todo esto es relevante por su corta edad. Inclusive, la ONU le encargó retratos en zonas de conflicto. Su trabajo la ha hecho padecer heridas de bala. Con todo lo mencionado esta joven fotógrafa no insistió en la compasión del espectador, sino en la consumación del trabajo a exponer en el que el artista tiene como deber y compromiso continuar su trayectoria y no abandonarla nunca.

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El ilustrador Rene Almanza (Monterrey 1979) no podremos encasillarlo como emergente por su harta labor en esta categoría. Sin embargo, desde el inicio de su obra que transita como una herramienta de reflexión, sigue siendo promesa.

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Con una pila de premios en bienales que siguen su curso, el pintor poco convencional Pablo Cotama (Oaxaca 1978) transciende con imágenes de un mundo fantástico de un procedimiento barroco con actividades irónicas que provocan a la especulación.

Nunca podré terminar de enumerar artistas con olor a éxito, sin embargo quisiera hacer mención de este último fan de la oscuridad y su comportamiento con la luz.

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Braulio Domínguez (Cd de México 1985), practicante de la penumbra, su retratos tanto humanos como bestiales intrigan de una manera excitante, el manejo de la emisión del destello en materiales orgánicos es supernatural, circunstancias únicas. Brillante en bruto con oportunidad notable para ser coleccionado.