Las socialités

Por: Patynetas 

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Anda, escribe una columna para Promo Magazine Texas que hable de las socialités…¡Qué fácil! – Pensé- ¡hay tanta tela de dónde cortar! Todo lo que tengo que hacer es hablar “tipo” con una papa en la boca e instalarme en Cindy La Regia y listo, la columna quedará lista en un santiamén.

Qué fácil fue juzgar a la primera y apegarme al cliché de niña rica descerebrada, cuando la reflexión me llevaría a un lugar distinto.

Según Wikipedia, una socialité es una persona económicamente privilegiada (entiéndase con harto billete), de descendencia aristócrata, con una gran reputación y alta posición social en la parte más alta de la pirámide socioeconómica del país; podría sonar redundante, pero no, porque en la clase alta, como entre los perros, también hay razas, y para ser socialité hay que pertenecer al top del top y ser la crème de la crème.

Una socialité gasta gran parte de su tiempo participando en actividades sociales, tales como, eventos de caridad, fiestas privadas, desfiles de modas, recaudaciones de fondos, subastas de arte, comidas VIP, festivales y otros exclusivos eventos, así como conversando y conviviendo con miembros selectos de la sociedad más adinerada (entiéndase la hi de la hi).

Ser socialité…me imaginé de entrada porque muy lejos estoy de ese mundo, ya que requiere de gran esfuerzo y debe resultar inmensamente agotador: vestirse con ropa finísima y hermosa, andar por el mundo con bolsas y zapatos carísimos con cuyo costo se podría acabar con el hambre del mundo (está bien, lo acepto, exageré, sólo de América Latina), traer el Iphone más nuevo (que ni la viuda de Steve Jobs tiene), sufrir los estragos del jet lag por andar brinque y brinque de viaje en viaje internacional, traer siempre el manicure impecable y el cabello con el corte de moda, mantenerse increíblemente delgadas y “fit” para que los modelos haute couture luzcan como lo espera su exclusivo diseñador, aguantar tantas desveladas como resultado de los innumerables eventos sociales y darle seguimiento a la organización de la fiesta de cumpleaños para su mascota de pedigree, debe generar un “estrés” inimaginable, dejándose justificadas así, las sesiones eternas en el más prestigiado y lujoso spa.

Sin embargo, no podemos envidiosa y juiciosamente generalizar; hay quienes han entendido que son inmensamente privilegiadas y han optado por sacarle provecho a los beneficios que, según las creencias de cada quien, les fueron otorgados por la lotería biológica, la suerte, el karma, el universo o Dios, al nacer en cuna de oro y con pañales de seda, poniendo al servicio de los menos afortunados económicamente su status, sus relaciones y contactos, su educación en universidades de prestigio nacionales e internacionales y su poder de convocatoria, a través de obras sociales, de beneficencia, asociaciones y fundaciones, poniendo así su granito de arena para hacer de este mundo un lugar mejor del que encontraron y mucho más llevadero para los menos favorecidos.

Hay de todo en la viña del Señor. No todo es blanco o negro. No todas las ricas son malas y todas las pobres son buenas como en las telenovelas de El Canal de las Estrellas y justo por eso creo que las generalizaciones caricaturescas y ponzoñosas no se valen.

Mas lo simpático está en entender, qué de lo que nos choca, y nos da tanto tema para sesiones interminables de tijereteo y lavadero con las comadres, ¿nos checa?

En fin, queridas socialités, ahí les ando pasando a encargar una bolsita de diseñador, o de plano una pashmina de cashmere, de esas “last season” que ya no quieran, digo, aprovechando el viaje.