Mente y espíritu en cuerpo sano

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Test: ¿Qué rebanada le hace falta a tu vida?

Cuando decidimos adelgazar sin sanar las heridas del corazón, sin equilibrar nuestra mente y sin aliviar nuestro espíritu por más dietas y planes alimenticios que hagamos el rebote será inminente.

MENTE

Todo cambio de vida drástico en pro de una buena salud física debe llevarse de la mano de ayuda psicológica. En el momento en que decidamos ponernos en balance, es recomendable trabajar en nuestra mente con el tipo de terapia a la que nos sintamos afines.

Existe la terapia psicoanalítica, psicodinámica, conductual, cognitiva, humanista, sistémica, Gestalt, neuropsicológica y coaching entre otras, tú eliges.

ESPÍRITU

Para sanar el espíritu una de las más efectivas fórmulas es la meditación. Esta nos enseña a poner nuestro espíritu en calma y sanarlo. Nos enseña que el bienestar viene de adentro y no de afuera como lo hemos aprendido con paradigmas erróneos que se aprenden de generación en generación.

Otro método para sanar el alma es el Mindfulness: técnica innovadora que nos enseña a vivir el momento presente y disfrutarlo al máximo, dejando atrás el pasado que nos deprime y el futuro que nos causa ansiedad.

El contacto con la naturaleza es otro regenerador para nuestro espíritu, sobre todo si se busca para disfrutar de las aves, el correr del agua, el sonido del viento y respirar aire puro.

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CUERPO

Además de alimentarse sanamente debemos ejercitarnos cardiovascularmente al menos media hora diaria. Aunque dé pereza es algo que podemos combinar paseando a nuestra mascota o bien disfrutando de una caminata con algún acompañante.

La hidratación es básica ya que en la mayoría de los casos que sentimos hambre es deshidratación que la mente confunde con hambre. Para evitar estos antojos confusos es básico tomar al menos tres litros de agua al día. Además de hidratarnos nos ayuda a que nuestro sistema digestivo fluya y que nuestra piel este lozana.

Es muy importante tener conocimiento de que el azúcar blanca refinada, la sal refinada, la harina y todos los lácteos (leche, crema, yogurt, quesos, etc.) son los cuatro blancos más adictivos y los peores enemigos de nuestro cuerpo, mente y espíritu. Cuando los consumimos, sus efectos de remuneración precoz son fascinantes y muy reconfortantes; similares al abuso de alguna droga. Posteriormente la baja de azúcar debilita el cuerpo y entristece el ánimo, obligándote a necesitarlos incesantemente a cualquier costo. Entonces la cosa es simple: puedes comer absolutamente todo lo que NO contenga ninguno de los 4 blancos más adictivos.

Puede ser que esto te desanime al principio, pero si imaginas en tu plato un asado de puerco con arroz integral, frijoles negros y tortillas de maíz, descubrirás que este es uno de los cientos de platillos que puedes comer, que no contienen ninguno de los 4 blancos más adictivos y que son ¡100% saludables!