Mictlantecuhtli & The Hallows

Por: Juan Alberto Caraballo G.

 

 

Como toda tradición arraigada en una cultura, Halloween en Estados Unidos y Canadá, y el Día de Muertos en México, tienen raíces que se remontan a siglos de historia que las une por un lado con los celtas y por otro con culturas prehispánicas.

All Hallows’ Eve (víspera de Todos los Santos) es el término del que derivó la palabra Halloween, por primera vez documentada en el siglo XVI y que tiene su origen en una antigua festividad céltica, que llegó a Estados Unidos a mediados del siglo XIX asentándose paulatinamente hasta que en la década del 20 del siglo pasado ya era celebrada masivamente.

Mientras tanto en la América Precolombina, los mexicas festejaban las bondades de Mictlantecuhtli, dios de la muerte, un acto en exceso pagano para los conquistadores, a quienes su profundo catolicismo no les permitía celebrar la muerte, pero sí tenían la herencia también celta de festejar a las ánimas. La peculiar simbiosis cultural resultó en lo que hoy conocemos como el Día de Muertos.

 

Children Trick-or-treating

TRICK–OR–TREAT?!

Dulce o travesura es tal vez la traducción más usual en español para esta frase con la que cada 31 de octubre los niños disfrazados, muchas veces de zombies, esqueletos, fantasmas y demás alegorías a la muerte, acuden a las puertas de las casas de su vecindario en busca de dulces y golosinas, pero siempre listos para jugarles una broma a aquel que se atreva a no hacer un trato con ellos.

Al igual que toda la celebración de Halloween, los orígenes del trick–or–treating se remontan a siglos atrás, tanto como al medioevo británico e irlandés, donde existía la costumbre de pedir soul cake (pan de almas), la que también se replicó en otras latitudes como en Portugal cuyos primeros registros se remiten al siglo XV, y España donde se pedía una limosna por la paz eterna de las almas. Pero, a pesar de que sus raíces como tradición se ubican siglos atrás, es apenas hasta 1950 cuando se populariza con la campaña Trick–or–Treat de la UNICEF, un esfuerzo de esta organización para ayudar a niños alrededor del mundo que necesitan más que un dulce.

Entre colores como el naranja, el negro y el morado, esta tradición se disfruta bajo la luz de una calabaza lumínica o Jack-o’-lantern (linterna de Jack en español, como se conoce desde sus ancestrales orígenes en Irlanda), realizando fiestas de disfraces, visitando las populares casas encantadas, haciendo bromas, leyendo y contando historias de miedo y, por supuesto, viendo películas de terror, como el clásico “Halloween” (1978), protagonizada por una muy joven Jamie Lee Curtis, quien fue dirigida para la posteridad por John Carpenter.

 

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EL CULTO A LA MUERTE ES TRANSFORMADO EN CELEBRACIÓN DE DIFUNTOS

Tal vez una de las más hermosas propuestas del imaginario precolombino es la del culto a Mictlantecuhtli, dios del inframundo y de los muertos, quien tras la muerte libera el alma de los hombres preparándolos para la vida post mortem, la que no iba a depender de cómo fue su paso por la tierra, sino de cómo se dio su muerte. Por  ejemplo, los guerreros caídos alzaban vuelo convertidos en colibríes y mariposas, mientras que los niños encontraban su hogar eterno en el Árbol Nodriza que goteaba leche para ellos.

 

En la actualidad, la cercanía entre el Halloween anglosajón y el Día de Muertos ha generado un gran festejo de varios días en la que los más ortodoxos se dedican a venerar a sus muertos, mientras que otros piden más que dulces y con alcohol, música y fiestas de disfraces le dan un toque más contemporáneo a esta tradición mexicana ya establecida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

 

Sin embargo, el encuentro entre la cultura española y la mesoamericana dio un vuelco total a aquella realidad.

Las prácticas paganas de alabanza a la muerte (que, para entonces, tenían lugar durante el mes de agosto) y los preceptos cristianos encontraron cierta armonía en una fórmula que fusionó la adoración a la muerte prehispánica con el Día de Todos los Santos y Todas las Almas, celebración muy arraigada en los países de tradición católica y que tiene lugar el día primero y segundo del mes de noviembre, igual que nuestro Día de Muertos, y no por casualidad.

Se trata de dos días en los que los difuntos son homenajeados con más que la visita de sus familiares y seres queridos, pues estos abarrotan los panteones del país con ofrendas para sus muertos, que de tratarse de un niño pueden ser globos y juguetes, mientras que un adulto hasta una serenata al ritmo de mariachi puede llegar a recibir interrumpiendo así su sueño eterno.

Como si se tratase de Navidad, el Día de Muertos tiene un alto protagonismo en la cotidianidad de los mexicanos y en la de ciertos países centroamericanos.

Los altares se dejan ver casi por doquier coloreados por flores blancas, moradas y por el intenso amarillo de la zempoaxóchitl.

Pero no sólo es la vista la que se complace en esos días, sino también el gusto, pues este festejo tiene su gastronomía propia, como el pan de muerto, tan delicioso que es una pena poder disfrutarlo sólo una vez al año.