Viviendo en color

Por:  Alejandra Prats Muñoz de Laborde

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Cuantas veces pensamos en añadir color a nuestros espacios de vivienda y nos descubrimos completamente temerosos. Sabemos que los colores no tienen el mismo significado en todas las épocas o culturas. Pero hay una base inevitable, una experiencia básica en materia de colores, de la que no podemos escapar.

Aunque cada color tiene un extremo opuesto en la mayor parte de los casos, eso lo hace más interesante. El blanco da paz y sosiego, pero también soledad y aislamiento. Hablo de extremos opuestos en cuanto a emociones positivas o negativas. No en cuanto a su significado.

Lo que sí es verdad es que, para no arriesgarnos, tendemos a elegir colores cálidos, los cuales nos generan sensaciones positivas en el receptor y no disgustan.

El rojo, es un color agresivo, puede generar estrés y agotamiento al final del día. Pero si lo introducimos levemente en los acentos decorativos y no constituye el color base, puede recibirse con connotaciones opuestas totalmente. Existe una regla que no hace falta utilizar de forma exacta, pero que nos puede servir de guía, para no meter la pata combinando colores. Es una tabla de proporciones para el equilibrio, como el número áureo, la divina proporción materia de colores.

Se dice que el naranja incita a comunicarnos y ser más extrovertidos, el azul induce a la distracción, pero en su gama más pálida acerca a la creatividad; el verde pálido o menta favorece un clima de aprobación y confianza, aunque aproxima a la sumisión si abusamos de él. En su versión más oscura tiende a ser relacionado con miedo. El negro en su connotación positiva refleja profesionalismo y seriedad. El blanco, el gris pálido, o color arena nos llevan al equilibrio, calidez y confort.

Por ejemplo; en una sala de juntas, donde podemos dejar las paredes con tonalidades arena, el piso y una de las paredes pueden ser en negro, y combinar discretamente los acentos decorativos en negro, blanco o menta. Si estamos en nuestro despacho y queremos concentración: los tonos amarillos y naranjas, grises y blancos son los adecuados. Y recordando que, siempre que sea posible, introduciremos la proporción 60/30/10 para asegurarnos el éxito.

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Descubre como crear tu combinación perfecta 60/30/10

  1. Para crear un ambiente de decoración único experimenta combinando colores. Opta por un color dominante que debe ocupar el 60% del espacio: tres paredes por ejemplo.
  2. Otro color intermedio debe ocupar sólo una pared, correspondiendo al 30% del espacio.
  3. Después con el peso del 10%, debe estar en los pequeños detalles de decoración como zócalos, accesorios o alfombras.

 

Así como la intensidad del color elegido influye en las emociones, también lo hacen las texturas del material en donde lo ubicamos.

Materiales como madera, cuero, cristal, metales, cerámica o papel, provocan también sensaciones por sus texturas, agregan una nota al color. Y también deben seguir la regla de la hablamos arriba.

El gris del metal, el color madera natural -son elementos a tener en cuenta a la hora de combinar los colores para producir emociones.

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Los colores claros nos dan amplitud, los colores oscuros cierran espacios. Como siempre, en su equilibrio está la estética.

Y por último, la luz: un espacio puede llevarnos de una tesitura emocional positiva a una negativa sólo por el cambio que puede causar en el color su reflejo; porque son distintas las tonalidades de color de una luz cálida de un foco, una luz fría para leer o la luz natural que entra por una ventana.

Debemos mover muebles, cambiar cojines, cortinas, tapices, acentos, encender y apagar luces, todo lo necesario hasta que cada uno encontremos la armonía que buscamos. Así que ¡a trabajar!